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Por qué el coronavirus puede provocar una recesión económica

El fuerte golpe que generó el nuevo coronavirus con su implacable avance en todo el planeta ha generado la previsión de que aparecerá una crisis global, donde se espera que no sólo bajen las ganancias de las empresas sino que necesitarán la inyección de nuevo capital para hacer frente a esta inesperada caída. La mayoría de los expertos concluyen que la desaceleración ya se manifiesta en las áreas más cíclicas del mercado, algo que se diferencia con la recesión que se produjo en los años 2008 y 2009 que tomó por sorpresa a todo el mercado.

Otro aspecto esencial para los efectos que producirán la crisis son las medidas económicas que adopten los gobiernos de las diferentes naciones frente al brote del virus. En algunos sitios ya se han tomado drásticas medidas como recortar los intereses para beneficiar a las empresas y a las personas para que puedan hacer frente a sus deudas. De esta forma, los gobiernos deberían amortiguar la caída que genera el coronavirus mediante mecanismos de expansión fiscal, una cuestión muy distinta a lo que venimos acostumbrados en los últimos tiempos, aunque no hay aún un panorama certero de cuál sería el impacto.

 ¿Por qué el coronavirus puede causar una recesión económica?

Lo que sí se puede sospechar es que los efectos sanitarios del virus en sí serán transitorios: llegará a un pico máximo y luego irá cayendo, aunque es muy complicado prever el plazo de tiempo en que esto sucederá. El efecto colateral del cóctel de variadas medidas que tomaron los políticos de diferentes países ha creado un impacto económico en todo el planeta del que no se tienen referencias desde la crisis del petróleo en la década de 1970. Esto ocurre especialmente porque se ha dado una reconfiguración total del suministro de bienes y servicios y surgió una fuerte reducción en las actividades y en el consumo, lo que por supuesto afectó con mayor fuerza a la industria del turismo, eventos, gastronomía y ocio.

Cuando el origen del virus comenzó a conocerse en todo el mundo y tenía su epicentro en China, trajo preocupación pero se creía que las posibilidades de que pudiera generar una recesión global eran muy escasas. Pero su veloz expansión y su continua permanencia en Europa como nuevo epicentro de la pandemia genera un panorama preocupante, ya que no hay pronósticos sobre la duración del virus. 

China fue el epicentro inicial del virus, pero este se mudó a Europa -Italia y España principalmente- y la cantidad de naciones con personas infectadas aumenta cada día. Ciudades, regiones y hasta países completos están siendo puestos en cuarentena o aislamiento social intentando limitar la transmisión de la enfermedad. 

Esta disminución y en algunos casos freno de las actividades puede colocar a las empresas en una situación angustiante, que genere pérdidas que se mantengan aun cuando la crisis ya haya desaparecido. Además, las economías personales y las consecuencias sociales de esta crisis harán que sea muy difícil para muchas personas volver al consumo rápidamente una vez que la pandemia se detenga. Los fabricantes más desprotegidos se verán afectados seriamente por la falta de capital humano y la disminución o ausencia en algunos casos de exportaciones e importaciones podría producir falta de mercancías a empresas que de todas maneras deberán continuar pagando salarios y deudas.

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